Skip to main content Skip to page footer

Te amo inútilmente...

Poesía propia

    translúcido como una sandía
incluidas las heridas
que adviertes en las hebras.

Levitas
inútil igualmente al voluble vagar
por las estaciones de la ciudad dormida
después que las terrazas hayan podado su bosque
y desarrugado sus párpados las últimas persianas.
En el pegajoso mostrador, la gota de la duda
deja atrás su melanina,
se precipita por el fuste hasta la base de la copa
donde queda dando vueltas.

En la noche de verano
apenas queda cera que arda en los balcones
y nadie olvida el cambio
en la máquina dispensadora.
Las colillas del suelo señalizan los arcenes,
esos márgenes de libros donde me salgo a fumar

inútilmente

mientras llega el barrendero:
la hoja caída que huele a tierra mojada
y azuzada debió mecer

cuando Dios,
si es que existe como dicen los viejos de un solo bando,
le confiere a mis pasos penitencia.

Con las oníricas manos con que el insomnio acaricia
la vaciedad femenina que en la cama predigo,
te amo inútilmente

como el perro a la sombra del supermercado
que ladra a la fuente porque intuye
un manantial empedrado
tras el beso cerrado de su grifo.

Nuestro el silencio
hacia el golpe en la mesa, quisiera renovarte
el aceite requemado de los ojos
que guían a los barcos atrapados en botellas
y que sus hígados hincha a vela llena
engolfando en alcohol. Por las aguas ahumadas
que incineran tu retrato.

Te amo inútilmente
como quien de ti
solo alcanza tu cuerpo.