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La otra orilla

Cincuenta palabras.

Nunca creyó en el infierno ¿Para qué? Toda su vida había gozado de abundantes placeres: fiestas, regalos, mujeres, ascensos en las empresas, ganancias astronómicas... Cielo y fortuna eran su día a día. Un cargador vacío, su mujer y sus dos hijos muertos bastaron para ver el rostro inclemente de satanás.