Cristina Graciatenas: "El amor existe a cualquier edad"
Reseña literaria
La escritora Cristina Gracia Tenas presentó su quinta novela, Semillas del pasado, en una conversación íntima en la que la literatura y la vida personal se entrelazaron con una naturalidad que pocas veces se consigue en un escenario público. La entrevista, conducida por Nicolás Puente, quien la acompañó también en sus cuatro entregas anteriores, se convirtió en un recorrido por la memoria, las heridas que no cierran y las decisiones que definen una existencia.
La novela nació, según la propia autora, del dolor. No del amor, como podría esperarse de una historia que atraviesa distintas etapas de la vida de su protagonista, Celia. Fue la adolescencia de Gracia Tenas, vivida en Barcelona a partir de los trece o catorce años, la que actuó como detonante y como hilo conductor de la trama. Una época marcada por la pérdida de una amiga, por responsabilidades que no le correspondían asumir y por circunstancias que quedaron grabadas en su memoria de forma indeleble. "No he tenido que parar a meditar ni intentar recordar", reconoció. "Lo tengo todo grabado en la mente."
La escritura funcionó como terapia. Hay emociones, explicó, que resultan imposibles de verbalizar, pero que encuentran en la página escrita un cauce natural. La primera parte de Semillas del pasado refleja con especial intensidad ese territorio autobiográfico: lo vivido, lo que costó asumir y lo que todavía duele. La segunda parte, en cambio, pertenece al terreno del deseo: lo que habría querido que fuera, lo que Celia merece y no siempre alcanza.
Si tuviera que resumir la novela en una sola frase, elegiría esta: "El amor existe a cualquier edad."
La estructura de la novela es deliberadamente discontinua. Cristina no quiso una narración lineal, sino un juego de saltos temporales que obliga al lector a mirar hacia atrás para entender el presente. La introducción, escrita en el futuro, está narrada desde el año 2048 por Libia, nieta de Celia, que indaga sobre una abuela a quien sus propios hijos conocieron poco. Esa elección estructural remite a una reflexión que la autora tiene muy presente: cuánto ignoramos de la vida de quienes nos precedieron y cuánto se pierde cuando ellos se van.
"No he tenido que parar a meditar ni intentar recordar", reconoció. "Lo tengo todo grabado en la mente."
El personaje de Celia es el más complejo y, también, el que más le costó escribir. Es una mujer que ha llegado a un punto de agotamiento vital, no por fragilidad, sino por acumulación. La enfermedad, el paso del tiempo, las oportunidades que no llegaron o llegaron demasiado tarde: todo eso pesa sobre ella. Gracia Tenas habló sin rodeos de la decisión que toma su protagonista respecto al final de su vida, y la defendió con una convicción que trascendió la ficción. La ley de la eutanasia, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo cuando no hay salida posible, son temas que la autora abordó desde la experiencia personal, recordando el sufrimiento de su madre.
La novela, escrita en aproximadamente un año —de abril de 2024 a mayo de 2025— estuvo a punto de no publicarse. Cristina dudó hasta el último momento, consciente de que algunas verdades incomodan. La lección que extrae de todo el proceso es que las verdades no gustan, que la gente prefiere vivir en la ignorancia, pero también que eso ya no le preocupa. "Al que le guste, bien. Y al que no, también", dijo.
Si tuviera que resumir la novela en una sola frase, elegiría esta: "El amor existe a cualquier edad." Y esa convicción sostiene el relato entero, incluso en sus momentos más oscuros.
De cara al futuro, Gracia Tenas acaba de comenzar su sexta novela. Esta vez, con la intención declarada de alejarse del universo familiar que ha caracterizado su obra y adentrarse en el género negro. Lo hará sin prisa, al ritmo que le permita hacerlo bien. Mientras tanto, participa semanalmente en un grupo literario en el que escribe microrrelatos y se ha estrenado como locutora de radio narrando textos ajenos. La escritura, en todas sus formas, sigue siendo para ella el lugar donde las cosas encuentran el nombre que la vida no siempre les da.
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