Custodio regresa a Andalucía con una trilogía que incomoda y no da respuestas fáciles
Reseña literaria
Con el Mar de Plástico de Almería como telón de fondo, el escritor Custodio presentó en una entrevista con Nicolás su segunda entrega de la saga Andalucía Negra, una trilogía de novela negra que se adentra en los márgenes donde la ley, la moral y la supervivencia colisionan. Es la cuarta vez que ambos se sientan a conversar sobre la obra del autor, y en esta ocasión el tono es más denso, más urgente, porque la crítica social también se ha intensificado.
A mí no me gusta imponer mi idea, a mí me gusta expresarla en el libro y que la gente la lea
La elección de Almería no fue casual. Custodio explica que cuando fue a documentarse, la imagen del paisaje lo dejó sin palabras: a un lado el mar de plástico de los invernaderos, al otro el Mediterráneo. Ese contraste visual y humano se convirtió en el corazón de la historia. La trilogía recorre después Cádiz y Málaga, tres ciudades conectadas por la costa y por las mismas sombras: el narcotráfico, la explotación laboral y la inmigración irregular. La obra está parcialmente inspirada en testimonios reales, entre ellos el libro de Ousman Umar (Viaje al país de los blancos) sobre su travesía desde África hasta España, que sirvió de base para algunos pasajes de la novela.
Custodio no quiso escribir un panfleto. "A mí no me gusta imponer mi idea, a mí me gusta expresarla en el libro y que la gente la lea", afirma el autor, marcando distancia respecto a la literatura de tesis. Su propósito es presentar el escenario y los personajes, y dejar que cada lector juzgue desde su propia moralidad. Esa contención deliberada convive, sin embargo, con una denuncia clara de la polarización social que vive España y que impregna la trama desde sus primeras páginas.
Una obra que obliga a mirar sin filtros una realidad que, aunque parezca lejana, está más cerca de lo que quisiéramos creer.
Los personajes son piezas clave de esa arquitectura moral. Rafa, el protagonista, regresa a su ciudad cargando con un pasado oscuro y con la vergüenza de ese pasado. Dani, el personaje más joven, aporta la impulsividad de quien todavía no ha aprendido que no siempre tiene razón. Joaquín, el amigo de juventud, encarna las derivas ideológicas del presente, aunque el autor se resistió a convertirlo en un villano unidimensional, porque, como él mismo señala, todos los personajes tienen esa "bondad dentro". Junto a ellos, Aberash crece hasta convertirse, según confiesa el escritor, en uno de los pilares inesperados del relato.
Desde el punto de vista narrativo, Custodio trabaja con escaleta previa, pero admite que la historia puede rebelarse y obligarle a reescribir el mapa en mitad del camino. El ritmo es para él una obsesión: la novela negra, dice, no puede detenerse, porque en el instante en que lo hace, el lector se pierde. Tardó poco más de un año en escribir las tres partes, aunque algunas escenas, especialmente las más crudas de la segunda entrega ambientada en Málaga (Lo que la tacita calla), le exigieron un esfuerzo especial.
Andalucía Negra II no aspira a dar respuestas. Aspira, como resumió el entrevistador al cierre de la conversación, a que el libro "continúe en la reflexión de cada lector" mucho después de la última página. Una obra que obliga a mirar sin filtros una realidad que, aunque parezca lejana, está más cerca de lo que quisiéramos creer.