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Gaudi y Cuentos encontrados por el camino

Escritos propios

Antonio Gaudí

Antonio Gaudí

Esta mañana, mientras paseaba por la calle Ordoño II, me encontré a Gaudí leyendo mi libro. Con la incredulidad que a vosotros mismos os embarga en este momento, me acerqué a él para agradecerle semejante gesto.

—Muchísimas gracias.

—¿Por qué?

—Pues por leer mi libro.

—Lo estoy releyendo, leerlo lo hice hace ya mucho tiempo —me comentó con una sonrisa—. Si no lo hubiera leído, no habría ideado la Sagrada Familia.

—Eso ya es un tanto exagerado —dije yo.

—En tus cuentos hay una lucha entre un cura que no cree en el demonio y el demonio que quiere obligarlo a creer en él ¿Verdad?

—Sí, claro el cuento de Don Manuel y la Venta rosa.

—Hay también un cuento en el que se mezclan la realidad, los sueños, los deseos...

—Sí, supongo que se refiere a El espejo.

—Exacto. También hay uno que trata del amor a la belleza, del intento de ponerla en un lienzo...

—Claro, el de Velázquez y Venus. Por lo que veo los ha leído con atención.

—Sí. Me han gustado.

—Mucha gracias.

—Bueno y ahora dime: ¿No es la iglesia símbolo de esa lucha entre el bien y el mal? ¿No es la búsqueda de Dios un nadar en un océano entre sueño y realidad? ¿No es el arte la mejor manera de traslucir esa belleza primigenia? No es la Sagrada Familia un compendio de todo eso?

—Sí, supongo que sí.

—Pues eso. Supongo que no te habrás olvidado de los categoriales: et ideo haec quatuor convertuntur, ens, bonum, unum et verum: entonces hay cuatro cosas convertibles: el ser, lo bueno, el uno y lo verdadero. No lo olvides nunca, no importa cuándo alguien crea algo bello. Esa creación se une a un universo de comunicación entre el pasado, el presente y del futuro.

Cuando intenté hablar, ahí estaba la estatua de bronce con mi libro en las manos, pero ya no era humano, tan solo una representación de todo lo divino de su obra.